Hardcore o los gritos ilegales.

Cuando era niño se me obligó a no llorar cuando me dolía. Gritar era impensable.

El screamo o los gritos prohibidos; el hardcore o los gritos ilegales; gritos adultos; gritos por colapso de emociones; gritos de desesperación; gritos catárticos. Actualmente me he movido a escuchar música screamo, emoviolence, grindcore, hardcore, atmospheric black metal. Y estoy muy conforme. Los gritos desgarradores o desesperados, susurros, sollozos; las bocanadas de aire después de la vociferación. ¿Dónde estuvo antes esa música? ¿Cuándo el adulto se dió cuenta que llorar no era suficiente, que de niño no se gritó lo suficiente? Me alegro de poder escuchar música del alma, muy de dentro del alma (si la hay)… en todo caso tenemos un corazón y la vida pesada y gastada que llevamos como casa vieja fiel, astillada, pero propia, con todas las emociones que conlleve el estar ahí(aquí).

Cuando comencé en mi adolescencia a escuchar este tipo de música no estaba preparado, pues me parecía una música superficial y propia del tiempo en que se podía considerar una moda proveniente de los chicos que usaban el pelo largo sobre la cara. Era como ver una pared rústica de frente. No estaba preparado entonces para recibir con cántaros las cascadas de emociones y dolores que otros sentían. Pero hoy puedo recibir gustoso, con más de un cántaro, una y otra vez, los sabores y olores que traigan las ebulliciones de los minutos de mi vida en evaporación. No puedo estar más tranquilo de saber que ahora estoy acompañado, y que cada vez que puedo encuentro a más como yo. Ellos gritan y se lamentan; yo los escucho gustoso. Los vellos erizados de mis brazos y cuello son prueba de mi gozo.

Fácilmente me puedo identificar, porque “en el placer está prohibido buscar conocimiento” me susurra al oido Simone Weil. Si no se ha sufrido por conocer entonces nada se conoce (me vuelve a decir Emil Cioran). A una persona llorando la puedo escuchar mil veces; a una persona riendo sólo dos veces. El placer vulgar provoca desconfianza. Placer vulgar o prueba cruda del egoísmo y abismo de naturaleza animal. Sufrir es de sabios. Es aquí donde el reg4et0n no tiene cabida pues este pertenece a los individuos en estado ordinario.

Es un gusto para mí el compartir uno de, mis pocos discos de música favoritos, recientemente adquirido:

Banda: Beau Navire.

Álbum: Hours.

Describiré a continuación la mezcla de colores y subjetividades que puedo percibir. Como cuando se trata de describir la textura de una nube gris o el café espumado en una taza.

Hours:

Oh las composturas caídas y miradas perdidas. Oh los notas cortas.

Gritos continuos y fuertes. La profusión a costa de la garganta.

Ruptura previsible que permitá la luz entre a la oscuridad poblada de partículas de polvo.

Looking at a glass:

Caminos irrelevantes; como las caminos ondeantes de polvo y viento en un campo abierto poblado de grama.

Los gritos de desesperación inundados, casi ahogados, la continuidad creciente. Los puntos pasan a ser líneas.

Ahora no se conocen otros motivos para el silencio más que para los sollozos contenidos. El interludio para una reflexión apenas posible. Un cuerdas constantemente alteradas como dedos temblorosos sobre la mesa.

A book, a mind:

Entonces el equilibrio llega a modo de altitud inesperada. El presenciar semejante prueba de vitalidad pronunciada me sorprende.

Reinventing The Veil:

Los discursos rápidos, la plataforma de comunicación especializada ahora. La práctica llega, y no puede esperar. El último grito previo al desborde. El desbordó.

Oh las palabras graves / Oh los lamentos expresados con claridad. La representación fea del último alivio. Dolor. Alivio.

La lucidez en estado puro. Ni un respirar debería pasarse en silencio solemne. Un grito es una solución.

Respire(meta):

Las palabras que explotan entre la armonía. Silencios y palabras como a las 3 AM (mi hora y de ella). Te escucho. El aliento lo encuentro lejano y cada vez más agotado. ¡Qué dices!. ¡No te escucho!. Se humedecen mis ojos. Las cuerdas arrastradas, sonidos finos y escalados, agudos, tristes, pequeños.

Cloud City:

Más de una voz; más de un corazón latiendo fuerte. Los parajes se pueden vomitar de la mente por la boca. El viaje divertido e infantil en el recuerdo anaranjado.

It’s not an Art; it’s a Myth:

Coro de infractores. Hombres en medio de las fortificaciones. No construyen, invaden con sus voces. Llaman. El triunfo de los autores antes escondidos entre las almohadas húmedas. Las convulsiones por las revoluciones. La transformación de la voz grave a aguda; el síntoma del influjo diverso.

Bare Trees:

Es el tiempo guardado como almacenador de palabras actuales.

La soberbia entre nosotros.

Baila. ¡Baila!. Ellos ya lo hacen.

Lost and leaving:

El conocimiento destellos de una antorcha movida por el viento. El sonido ahora como la luz entre las ondas de una agua en la tierra.

Interlude:

Los recuerdos pueden venir de telefonos. ¿Me escuchas?: Es que escucho recuerdos y gritos aleatorios tuyos y míos. ¿Te acuerdas de mí?: Platiqué con vos alguna vez. Ahora ya no estoy. Escuchas mis vibraciones vocales interpretadas por magnetismo y electricidad. No me extrañes. / Pero te extraño. / Otra vez. //
Donde / significa repetición. Los cables eléctricos se mueven recurrentes al compás del aire. Las aves de plumas negras están por llegar.

Solemn Moon:

Los pulmones están llenos. Las pinturas de protesta sobre la cara. La juventud sobre la mesa. Los corazones al mismo ritmo. Los pies se despegan del suelo al mismo ritmo. Las instrucciones sobre-exaltadas sobre los demás.

Remnants:

Recuerdos difusos; inpiraciones de origen desconocido. Framentos de voz ajustados a una onda corta. El soporte inmediato de los demás en la elucubración de los ánimos nuevos.

Respire (sync):

Y es que al final la vida sigue. Los dones no acaban porque sí. La musa debe dormir y los ánimos deben descansar. El cuerpo entra en sincronización. Los corazones vuelven a su ritmo necesario y estable. El simple palpitar.

Mi interpretación de este disco es entonces una ropa húmeda que dejandose bajar estilando, encajó en las piedras agudas como estalagmitas que son mis recuerdos (una concentración de mi yo).