Poca música he comparado con la experiencia mística de los religiosos. Se habla de Enya, se habla de Bach o Beethoven, pero mucha música de ellos no están dentro de la categoría alta y mística a este álbum.

Portrait of a Young Man as a Trascendentalist es un álbum que nos recuerda que el poder de la naturaleza no se encuentra lejos de nosotros y que, aun tomando la forma de música, nos puede alcanzar de maneras que no esperábamos, cobijándonos desde la primera canción y recordando el la gloria de una estación que vivimos, sufrimos, alabamos, y extrañamos cuando cerramos los ojos una noche de noviembre.

Es así que Glorious Season explica y demuestra en gran manera ese sentimiento de tristeza por abandono de lo que fue una estación de tiempo única, y que con el pasar del tiempo, su presencia omnipotente para los sentidos se hecha de menos. Esas gotas de lluvia, ese calor que nos envuelve hasta acostumbrarnos, ese frío que nos recuerda que estamos aun vulnerables para tan magnificente naturaleza, nuestro entorno, nido y hogar. Con gran paz, progreso lento pero seguro, el artista detrás de Suffering Astrid nos evoca esos vientos que atravesándonos nos cambia desde que aspiramos el primer centímetro cúbico de aire fresco, libre, y cómodo en nuestros órganos respiratorios.

Through Me All Sees, una oración convertida en confesión. Esta canción nos hace recordar que la pureza del alma puede ser expresada sin estar consiente, que nuestra imagen, o aura que nos rodea, esa percepción que todos tienen de su semejante, es la que habla por nosotros; antes de nosotros hablar. La pureza para el humano es lo no alterado, la presencia de la naturaleza completa y próspera en el cuerpo, la unidad entre el cuerpo y el entorno, la no-rebeldía del entorno al elemento dentro del ámbito. La visita de la vista dentro de un cuerpo sin secretos, donde la ropa no puede ocultar el alma, donde el cabello no puede esconder los pensamientos. Las túnicas sacerdotales expresan magníficamente la pureza hecha tela: extensión que parece sin costura, color sólido, tela natural y fresca, tal vez un símbolo o un cinturón de lazo simbólico, un capucha para cubrirnos de la luz que puede provocar demasiado calor al meditar bajo el sol. Los momentos de silencio rústico, homogeneidad del sonido mezclada con trompetas de tono eterno. Difultad y asombro, notación de franqueza, división, fisión y la bondad de poder permitir al extranjero de ver lo que los cercanos ven: La belleza de lo simple, el principio y aparente final de lo interminable. Nos acercamos entonces al final de la canción, manteniendo ese aire que caracteriza a este disco, Suffering Astrid nos permite disfrutar de últimos augurios de un terreno plano y de visión temporal, donde la velocidad nos aleja de un plano natural a uno elevado e incomprensible, nos vemos rodeados, pues, del paisaje de una cima.

Beyond solitude, lo que en español sería Más allá de la soledad. Con lienzos de notas amarillas nos deja preparados para escuchar palabras ininteligibles que comprendemos como oraciones y proposiciones solemnes. Es entonces que comprendemos que la soledad toma una dimensión profunda y que los latidos no se acercan sin razón, caemos, no los elevamos por encima de los demás. Es en la profundidad de la soledad de nuestros sentidos donde el calor interno de nuestro cuerpo nos recibe con hospitalidad, mientras que nuestros pensamientos libres de juicio y lejos espectadores groseros nos puedan alterar. Desconexión. Notificación de lo asimilable, expectación de lo magnificente, el primer olfateo en la mañana después de una noche de lluvia. Es entonces otro ambiente, en el que lejos de la luz o quizás detrás de ella, nos podemos cobijar en el exilio voluntario, en nuestra paz.

Integrity. Integridad conmovedora, mis vellos hace levantar para el baile. Un giro armónico entonces, y mi cuerpo está electrizado como jamás. Algo se acerca, eso inminente, una presencia sin igual. Lleno entonces de un ambiente verde y fugaz, rápido, acelerado y hermoso, me recuerda el alba que ahora es color naranja y rojizo, destellos de amarillo, grandes bocanadas de blanco paz. Es entonces que comprendo la lucha que se desencadena en mi barco, en mi navío donde sólo puedo ser espectador. Los monjes oran, los aprendices o neófitos leen al unisono y firmeza, sólo falta la primera lágrima, los pequeños estallan en euforia. Los monjes pronuncian, balbucean oraciones que solo entre ellos pueden escuchar y entender; la nave flota y se dirige fuerte y sin retroceder; el aura nos está rodeándonos y los obstáculos no nos harán comprimirán. Es entonces que la respiración de los monjes se agota, la exhalaciones cada vez son más fuertes y los dolores de todos los presentes se hacen realidad, el horizonte cambia, parece acercarse el final. La nave sobrevive, el aura se ve alterado. El choque de fuerzas extrañas hacen vibrar, los campos de armonía que nos mantienen a salvo; es hora del salvador, el milagro de siglos de enseñanza y sabiduría. Él está por despertar, su fuerza es necesaria y todos saben que esperar. Un sólo respiro entonces es suficiente, el líder se levanta y la luz no puede más que rodear la nave que nos alberga, ese móvil transporte dirigiéndose al final. Un ademán, y de estar todos arrodillados nuestras vestiduras toman la forma y compás del viento que siendo ahora benigno es bien recibido y él nos recibe en paz. Alcanzar.

The leech-gatherer, es un extraño recuerdo de un paisaje que comprometiendo a un viajero productivo recolecta puñados de sabia oscura y vital. La vibración de los árboles, el movimiento de músculos en el lodo.

The rivers run so far: Los ríos corren muy lejos. Y las rocas transmutan en tambores, y las pequeñas rocas ruedan golpeando cual cascabeles, los latidos de un ejercito se deslizan y avanzan para todas y cada dificultad. Todos somos uno, y el cuerpo es extensivo, podemos avanzar como reposar. Vórtices se crean entre las piedras, y corrientes fuertes y ligeras se desplazan donde humedecen las vestiduras transparentes y teñidas del ambiente que se encuentra sobre ellas. Es donde el principio comienza, es donde cada latido es un renacer, el teñir de los entornos, los pequeños organismos y partículas enriquecedoras regalos de la naturaleza, los sorbos de organismos que besando y aspirando de nuestros mantos líquidos se nutren y se hacen cómplices de nuestra existencia. Agua, rio, solución interminable, plausible densidad indeterminada. Es la hora, es el metro y centímetro, es lo cúbico donde nos hallamos, es el espacio y tiempo en el que nuestro cuerpo líquido y adaptable se precipita a su desconocido destino. Alabar.

Joy & Purity: Alegría y pureza. Uno después del otro, la pureza primero, la alegría después. Es ahí donde el origen explota, donde el motivo y efecto se son uno, donde el motivo y razón es sin importancia, donde el sol y la lluvia nacieron donde convivieron sin dominar. Los ciclos son santos, tanto como su giro eterno y desplazamiento glorioso. Y nacieron para vibrar, esa fuente eterna se nutre de sí misma, atendiendo a la justicia de la divinidad. La pureza alcanza magnitudes desconocidas y la alegría es proporcional;el uno avanza, el otro espera, ahora el primero es el último, esperan otro ciclo, y ahora el último es el primero. Los acontecimientos todos dependen de ésto solo, el giro y dependencia no son más que percepciones, el dolor y la paz, la alegría y tristeza, o el júbilo y el hastío. Es el conocimiento sólo. Es la consciencia primera y final. Nadie más sabe más que ésto, que la pureza vino primero y que de ella nos nutrimos en los momentos reales de felicidad. En los momentos simples podemos regocijarnos; somos felices con respirar. Morder un fruto jugoso, sentir el sereno en la oscuridad, el equilibrio que el cuerpo nos provee cuando de pie nos encontramos, la sonrisa al escuchar una melodía como ésta, o como besar la mejilla de un ser bello y puro. Privilegio sin igual.

Accessing joy. Es ahí donde estoy y donde todos nos encontramos. Nadie que respire o piense (no son excluyentes) no aspira a ello. Es el motivo eterno de nuestro accionar. Proveemos y somos proveídos de ello, la alegría de ser, el deseo primero de nuestro pensamiento. A la alegría nos debemos, y por ella iremos más lejos de lo que somos capaces en situaciones normales o humanas. Las proezas no son más que eso, simples y aspiraciones de alcanzar, ese recuerdo lejano de una paz, un cobijo eterno y sin comparación del que todos somos sabidos pero nadie sabe explicar. Es ahí donde pertenecemos, a donde deseamos regresar, con o sin vida, pero deseamos regresar. Es porque estamos vivos que nos traducimos a acciones y tiempos para tomar el recurso a nuestro favor, para acercarnos un poquito más, para alcanzar ese depósito de paz y alegría pura que se encuentra para algunos en el cielo y para otros bajo la tierra fría. Tal vez no somos capaces de alcanzar eso. Si no somos capaces queremos intentarlo. (Interludio interior). Es entonces que nos encontramos en donde deseamos entrar, el fin eterno del cual no deseamos volver, la presencia extendida y n-dimensional. No comprendemos de nuevo, pero no es necesario; nos soltamos para no sujetarnos jamás. El salto de fe, o la fe de una elevación a lo celeste y crepuscular.

Suffering Astrid nos regala este álbum; álbum al que en general tengo mucho que agradecer, para empezar con los momentos de aspiración a alcanzar una fuente sin límites de vitalidad, cuando yo carecía de ella.

La rama de la fotografía del album se asemeja a una mano que emerge del bosque para alcanzarnos.

Album cover

BandCamp: https://sufferingastrid.bandcamp.com/album/portrait-of-a-young-man-as-a-transcendentalist
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